LA MOSCA Y LOS ZAPATOS
Se abre una puerta y entran dos amigos, ligeramente ebrios. Uno se sienta para quitarse los zapatos:
Amigo 1: ¡Zapatos! Quietos. Os tengo que desatar los cordones. Quietos. No os mováis.
Amigo 2: ¿Con quién hablas?
Amigo 1: Con los zapatos.
Amigo 2: ¿Los zapatos? ¡Zapatos! Escuchad a mi amigo, que os está hablando.
Amigo 1: ¡Calla! Ya lo hago yo. Son muy selectivos. Se pueden molestar.
Amigo2: Por mí como si se operan.
Amigo 1: No le hagáis caso. Ha bebido. Cuando bebe se vuelve insoportable.
Inconfundible sonido de una mosca.
Amigo 1: ¡Chissst! ¿No oís? (A los zapatos)
Amigo 2: ¿Qué?
Amigo 1: Una mosca. Tranquilos, que no hace nada. No pica como los mosquitos. Tranquilos, que yo me encargo.
Amigo 2: ¿Una mosca? ¿Dónde? No la veo.
Amigo 1: Es que no se está quieta. Está molestando a mis zapatos.
Amigo 2: ¿Los zapatos? Ya la veo. Ya me encargo. Tu cuídate de los zapatos, que no se pongan nerviosos.
Amigo 1: Tranquilos, zapatos, que tenemos las situación controlada.
Amigo 2: ¡Quita mosca!
Le da un manotazo. La vista de ambos la sigue en su último vuelo hasta el suelo.
Amigo 1: Te has pasado. Solo se trataba de intimidarla. Te la has cargado.
Amigo 2: No, se mueve. Mira. Se mueve.
Amigo 1: Si, tienes razón, se mueve. ¡Se mueve!
Amigo 2: Se mueve.
Se abrazan mientras cantan y gritan.
Voz: Hay gente que quiere dormir. Iros a la cama de una vez y dejar dormir a la gente.
Los amigos se piden silencio.
Amigo 1: (A los zapatos) No hagáis ruido. Silencio. Sin ruido, que nuestra compañera de piso está durmiendo. Vosotros tampoco hagáis ruido. (A los zapatos de su amigo)
Amigo 2: Mis zapatos no hacen ruido. Están educados.
Amigo 1: Pues el otro día me despertaron. Y fueron tus zapatos.
Amigo 2: Mis zapatos nunca han despertado a nadie. Cuando los compré, le dije bien claro al dependiente que quería unos zapatos adiestrados para no despertar a nadie.
Amigo 1: Pues el dependiente te tomó el pelo. Tus zapatos despiertan a la gente.
Amigo 2: Mis zapatos son incapaces de despertar a nadie. Nunca han despertado a nadie. Si despertasen a alguien nunca llegaría tarde al trabajo. Y siempre llego tarde porque mis zapatos no me despiertan.
Amigo 1: Claro que no te despiertan. ¿Cómo te van despertar si se pasan la noche despertándome a mí? Al día siguiente no pueden ni con sus suelas. Por eso llegas tarde a los sitios. Tus zapatos son muy lentos.
Amigo 2: ¿Te das cuenta de que estás insultando a mis zapatos? ¿A aquellos que cuidan de mis pies? ¿Sabes qué te digo? Que si no roncases, es posible que te dejasen dormir. Pero roncas, y tus ronquidos no los dejan descansar. ¿Y qué pueden hacer? Lo único que haría alguien con dignidad: ¡Despertarte para no dejarse avasallar por tus ronquidos.
Amigo 1: Yo no ronco. Respiro fuerte. No es lo mismo. Si tus zapatos son tan tiquis miquis que no pueden soportar la respiración de un hombre, que duerman en el balcón.
Amigo 2: ¿Y que cojan frío y humedad? Mientras yo viva, mis zapatos tendrán un techo bajo el que dormir. No permitiré que cojan frío, humedad, que se arruguen y pierdan la delicadeza de su cutis.
Amigo 1: Pues enséñales que no se despierta a la gente. Que no me despierten. Y ahora si me disculpas…
Se gira bajo la mirada horrorizad del amigo.
Amigo 2: Nooooooo.
Lo empuja.
Amigo 2: Has estado a punto. Casi pisas a la mosca.
El amigo 1 centra su atención en la mosca:
Amigo 1: No se cómo lo ves. Pero yo la veo mal. Parece que no se recupera.
Amigo 2: ¿Y si le hacemos la respiración asistida?
Amigo 1: ¿Tú sabes? Es muy delicado. Si le rompemos una costilla nos puede denunciar al seguro. Yo llamaría a un especialista.
Amigo 2: ¿Cómo vamos a llamar a un especialista? ¿Qué le decimos? ¿Cómo justificamos el accidente? ¿Y si nos hace la prueba del alcohol? ¡Vamos a la cárcel! Lo mejor es reanimarla, darle un chupito y para su casa.
Amigo 1: Esta bien. Prepara la botella de wiskhy. Yo la reanimo.
Amigo 2: ¿Tú?
Amigo 1: Si. No controlas tu fuerza. Yo soy más, más, más… menos, menos, menos… tengo, tengo, tengo… ve a por el wiskhy.
Amigo 2: Voy a por el wiskhy.
El amigo 2 va hacia el lugar en donde tienen el alcohol. Lo empieza a buscar y oye un grito, seguido de una voz:
Voz: ¿Me podéis dejar dormir?
Silencio.
Amigo 1: Se me ha ido la mano. Ejercí demasiada presión. Sabía que podía suceder. La mosca ha muerto.
Amigo 2: ¿Ha…?
Juego de miradas.
Amigo 2: ¿Ahora qué hacemos?
Amigo 1: Hemos de ocultar el cadáver. Lo llevamos a la bañera, lo descuartizamos y lo metemos en una maleta.
Amigo 2: No tenemos maleta.
Amigo 1: ¡Es verdad! ¿Qué hacemos?
Amigo 2: La montamos en el coche y la abandonamos en una carretera, en la cuneta.
Amigo 1: La científica encontrará nuestro ADN en su cuerpo.
Amigo 2: Maldito ADN.
Amigo 1: ¿Y si la bañamos en alcohol, compramos coca y se la tiramos por encima, le dejamos un porro medio fumado al lado y hacemos parecer que ha sido una muerte por exceso de drogas? ¿Qué policía investiga eso? Ningún policía investiga la muerte de un drogadicto.
Amigo 2: Tienes razón. Vamos. Un momento. ¿Cómo sacamos el cadáver del edificio?
Amigo 1: Lo descuartizamos y lo metemos en una maleta.
Amigo 2: No tenemos maleta.
Amigo 1: ¡Es cierto! Ni sierra mecánica
El amigo 2 hace un ruidito.
Amigo 1: ¿Desde cuando tienes una sierra mecánica?
Amigo 2: Por si las moscas. Nunca se sabe lo que puede pasar. Hay compañeros de piso que roncan.
Amigo 1: ¿Y para qué quieres una sierra mecánica? ¿Cómo la vas a utilizar contra un compañero que ronca?
Amigo 2: La pondría en marcha. Con el sonido de la sierra no oiría los ronquidos.
Amigo 1: ¿Y para qué quieres una sierra mecánica si tienes unos zapatos que me despiertan?
Amigo 2: ¿Y si mis zapatos tuviesen un accidente?
Amigo 1: ¿Qué accidente?
Amigo 2: Aparecer en el balcón, húmedos y con síntomas de hipotermia.
Amigo 1: Yo nunca le haría eso a tus zapatos.
Amigo 2: Lo sé. Pero centrémonos en el problema. ¿Cómo sacamos el cadáver?
Amigo 1: La alfombra. Lo enrollamos en la alfombra y lo metemos en el maletero del coche.
Amigo 2: Si. En la alfombra nadie se dará cuenta. ¿Qué alfombra es la que menos te gusta?
Amigo 1: ¿Por qué?
Amigo 2: luego tendremos que quemarla para hacer desaparecer el rastro, las huellas…
Amigo 1: Podemos utilizar una servilleta de papel desechable. Prende rápido.
Amigo 2: Si. Tienes razón. Y cabrá mejor en el maletero.
Amigo 1: ¿Qué insinúas?
Amigo 2: No te ofendas pero el maletero de tu coche es pequeño.
Amigo 1: No es pequeño. Es proporcionado al tamaño del coche.
Amigo 2: Un coche pequeño. Un maletero pequeño.
Amigo 1: Es un coche proporcionado a...
Juego de miradas.
Amigo 1: Es un coche proporcionado. Yo me ocupo de la servilleta.
Mientras enrolla la mosca en la servilleta.
Amigo 1: ¿qué hacemos si nos pillan?
Amigo 2: Diremos que somos borbones. Tienen impunidad justiciera.
Amigo 1: Es un mal plan. No somos altos. Nadie creerá que somos borbones. Y en cuanto se nos pase la borrachera perderemos ese aire de estupidez permanente. Nadie se lo va a creer. Es un mal plan.
Se abre una puerta y sale la compañera de piso.
Compañera: ¿Pero queréis iros a dormir y dejar de armar jaleo?
Amigo 2: Lo sentimos. Nos hemos equivocado.
Amigo 1: No volverá a ocurrir.
FIN